- A Corabastos entran cada día de 5.000 a 7.000 toneladas de alimentos; 42% vienen de Cundinamarca.
- El alto nivel de intermediación en la comercialización de los alimentos puede encarecer hasta 80% el precio final.
Bogotá, 19 de febrero de 2026 (@SomosRegionMBC). Cada vez que hacemos mercado tomamos decisiones que, aunque parecen pequeñas, influyen en el sistema alimentario: qué comprar, dónde hacerlo, con qué frecuencia y cuánto gastar. En conjunto, esas elecciones alimentan (o frenan) la demanda de productos regionales, determinan precios y definen qué tan fácil es comer fresco y a buen costo.
En Corabastos, la principal central mayorista de Bogotá, se movilizan diariamente entre 5.000 y 7.000 toneladas de alimentos; de ese total, el 42% proviene de Cundinamarca. Así mismo, la capital del país y los municipios colindantes representan el 69% del consumo de alimentos de la región central (Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Meta, Tolima y Huila).
Por eso, lo que ocurre en la compra diaria en la ciudad tiene impacto regional. Si la demanda se inclina por alimentos frescos, de temporada y de origen cercano, se fortalecen cadenas más cortas.
Intermediación
Un alimento casi nunca llega directo del campo al plato. Entre la finca y la mesa suele haber transporte, almacenamiento, peajes, combustible, tiempos de espera, clasificación, empaques y pérdidas por manipulación, entre otros aspectos. En promedio, cada alimento pasa por cuatro intermediarios, lo que puede generar incrementos de hasta un 80% el costo para el consumidor final. El resultado: el consumidor paga más y el productor recibe menos.
Por todo lo anterior, y con el objetivo de satisfacer la demanda urbana con la oferta alimentaria regional con información y acuerdos que hagan el sistema más transparente, justo y estable, se creó el proyecto Aliméntate de Región que impulsa la construcción del Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario (SARA) y su Plan de Abastecimiento a Escala Regional que se presentará el segundo semestre de 2026.
La iniciativa es liderada por la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca (RMBC), la RAP-E Región Central, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico de Bogotá (SDDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La apuesta no es solo producir más, sino comprar mejor: reducir incertidumbre sobre precios y temporadas, disminuir pérdidas en el transporte, y hacer visibles los costos reales entre la finca y la mesa. Cuando la información es pública y comparable, el mercado responde: productores planifican, comerciantes ajustan rutas y los hogares pueden elegir con más criterio.
Una parte de la respuesta está en fortalecer los circuitos cortos de comercialización: cuando el alimento viaja menos, suele llegar más fresco y el ingreso va de forma más directa a quien lo produce.
Aunque la región produce hortalizas, tubérculos y frutas, el consumo urbano muestra una desconexión creciente con la producción local. Esa desconexión tiene efectos visibles: precios inestables, mayor dependencia de intermediarios, pérdida de la biodiversidad alimentaria y dietas menos saludables.
De igual forma, entre más personas prioricen alimentos regionales, de temporada (en febrero y marzo llega la cosecha de fresa, papa criolla y hortalizas de la Sabana) y adquiridos en canales directos, se fortalecerán los circuitos cortos, se reducen costos logísticos, se estabilizan los precios y se promueve una producción más saludable y sostenible.
¡El sistema de abastecimiento agroalimentario empieza en su mesa! Cuando elige qué comprar, dónde hacerlo y a quién apoyar, está participando en el futuro del campo, de la ciudad y de la alimentación.
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